Historia del Cómic (V): Mil y una noches de fantasía y sensualidad o la imposible censura
Mi recuerdo imborrable del libro de Las Mil y una noches se remonta al tiempo en que lo leí, en Buñol, provincia de Valencia, el pueblo donde pasaba las vacaciones escolares con mis padres. Era invierno, altiempo de las Navidades. Solía leer al atardecer, antes y después de la cena. Me acompañaba el chisporroteo de la leña en el fuego de la chimenea, proveyendo calor y lumbre, al tiempo que las sombras proyectadas sobre las paredes tenían un efecto dramático y fantasmagórico que se añadía al placer de la lectura y a la fantasía de las evocaciones literarias. Por si fuera poco, aquella edición, aunque expurgada, como casi todo lo que teníamos en la España de aquellos años 40 del siglo XX, contenía unas maravillosas ilustraciones en color, pero nunca conseguí volver a encontrarla, ya que desapareció de mi casa, como tantos otros libros, cuando me fui a vivir a París. Así que no sé de quién eran las ilustraciones, ni cuál era la edición. Tenía yo unos 11 años y aquella experiencia me...